A TODO REX LE LLEGA SU COLUMNA SALOMÓNICA

Rex, salomónico como siempre, certero y buen consejero.

A TODO REX LE LLEGA SU COLUMNA SALOMÓNICA

Ser considerado el Padre del Periodismo Moderno y no tener una columna digna como las de Asisclo Valladares, Ricardo Méndez Ruiz o Alfredo Kaltschmitt, reconozco, me estaba pasando factura. Mis colegas de ramo cuchicheaban a mis espaldas y no había ágape social en donde, luego de diez tandas de Chaparrita (Barrilito o Jaguar, con almíbar de níspero, en su defecto) por cabeza, se envalentonaran y se esmeraran por eructar como mandriles en celo chistes ramplones en honor de mi tan “comentada” carencia. Hoy, por fin, luego de una serie de rechazos infames y tendenciosos por parte de los medios de comunicación escrita más reputados del país, el paisaje ha cambiado de tonalidades y, gracias a las gestiones pertinentes del director (o CEO, que suena más LinkedIniano) de El Espurio1, que en realidad lo que hizo fue hipotecar la casa, el chucho y el carro para costear mis honorarios, mi exquisita pluma de Quetzal y mis sesudas y desternillantes interpretaciones de la realidad nacional, internacional y espacial, han encontrado un bonito altar en donde resplandecer como lo haría el mismísimo Santo Grial, la dentadura postiza de Maldonado Aguirre o la lencería sado-vampiresca de Anabella de León en épocas navideñas. No quiero exagerar, querido lector, pero es así. Y, en el supuesto de que esté exagerando, sepa disculparme, pero es que una verdad contada sin ganas, sin adornos y sin contundencia, es una verdad a secas. Si no, haga memoria y repare en los tacuches que usaba López Bonilla (no tacuches a secas, sino esperpentos), en el delicadísimo rostro de Juan de Dios (no tez seca ni a secas, estirada sí, pero no a secas, sino muy fresh con sus gotitas de toxinas botulínicas) o en las mamarrachadas indigenistas de Saúl E. Méndez (no ropa a secas, sino mediocre vanguardia para fufurufos que dicen Guatemagic y se reúnen en Cayalá creyéndose parte de una tribu europeísta).

En fin. Entremos en detalle de lo último de la actualidad, que es como el panito con frijoles que nos nutre. Otto Pérez Molina, alias Tito Il Bambino, ha dejado el sillón vacío y, como buen hombre temeroso de Dios, como buen siervo de paz, se ha puesto a disposición de la justicia. Yo hablé con él la semana pasada. Bueno, más bien nos Whatsappeamos. Lo primero que me pidió de manera penitente es que no lo agregara al grupo de “carcas y abalorios olvidados en el Monte de Piedad”, que tuve a bien crear a propósito de hacerme con los números de celular de Arzú y de Rabbé (Hola, don Güicho, sí, fui yo, ya puede dejar de mandarme insinuaciones porque no soy la amateur-chubby-mature que aparece en la foto), y luego me contó que no quería renunciar porque tenía miedo a que no le dieran completo su tiempo y verse en la necesidad de trabajar como un parroquiano común y corriente más hasta los 92 años para que le tocara su jubilación íntegra. “No es por pisto, es por el futuro de los míos”, recuerdo que matizó, agregando una serie de emojis de índole presuntamente anarcoluciferinafeminista, ante lo cual no pude hacerme el desentendido y procedí a reprender de manera cordial, aunque corrosiva, su metida de pata. “La tecnología no es lo mío”, texteó, “prefiero los fusiles”. “¡Fusibles!”, corrigió, echándole la culpa a su iphone. “¡Con esta psicomotricidad dactilar cómo voy a ponerme a trabajar”, exclamó veinte minutos más tarde. Le hice llegar muestras de mi más sincera lástima y lo exhorté a sacar pecho como buen cuque que era. Me contó que lo de militar se lo habían inventado los gringos. “Un sucio montaje de la CIA, usted, Rex, como la muerte del Che Guevara o la demencia de este don Efra, póngale”, quiso ejemplificar. Me juró que él siempre ha sido hombre de campo, un pequeño latifundista, un terrateniente emponderado y arrecho, etc., y que el que sale en el documental de Nairn es él pero con una barba falsa. “Pasamos a un Paiz a comprarla; la idea era hacerme ver como un talibán, darle un toque morisco a mi personaje”, expuso añadiendo varios emojis de tipo zapatista. “Si hubo genocidio real o no, ni me acuerdo, porque sólo aparecí en dos escenas de la serie/montaje (bueno, llamémosle cameos) y de ahí me despidieron por exigencias del guión, no sé si guión largo o corto”, dijo, para enseguida agregar un JAJAJAJAJAJA intermitente y chinga la vista. “Será porque lo estaba haciendo tan real, digo yo”, le dije yo así como para pellizcarle la papada o echarle Picamás en los ojos. Mandó tres pulgares enormes, tres likes, y luego me preguntó que cómo borraba lo que había escrito. Le iba a contestar que ni con amnesia, pero como periodista que soy, quise evitar caer en la sorna fácil.

Ahora tampoco pretendo exagerar, querido lector. No piense que le estoy mintiendo; los presidentes son así: creativos y dicharacheros. Tienen ese no sé qué que dan ganas de abrazarlos y tomarse selfies con ellos. Prosigo. Otto, media hora más tarde, me comentó también que lo de ‘Mano dura’ no fue lo que la cándida gente interpretó que era. “Figurese que a mí se me duerme la mano derecha, se me agarrota, se me entiesa y no precisamente por darle el uso que debería, yo digo que es alguna precuela reumática, Dios así no lo quiera”. Secreto desvelado: todo fue una ocurrencia, una chanza, un chispazo así sin querer, una epifanía publicitaria. Y mire lo que pasó, apreciado lector, ¡cómo es la vida, verdad! La gente, muy fina ella, se lo creyó todo. Ahora bien, pongámonos serios. Lo ideal, visto el panorama, sería que Tito, el 1, al igual que su presunta concubina, la 2, acabara tras las rejas. Que se postergaran las elecciones. Que el TSE tuviera las mismas agallas que el MP o la CICIG. Que Baldizon optara por probar suerte allende la atmósfera, estratosfera e ionosfera y se perdiera, digamos, entre Platón y las Pléyades. Que Jimmy, como buen bufón e imitador, siguiera sus pasos y que alzara el vuelo como Ícaro. Que Zury me aceptara como su más sórdido confidente y se olvidara de la política para siempre. Que Giammatei construyera un submarino y se hundiera en el Mar Muerto en busca de doblones de oro, peces vistos sólo en catálogos criptozoológicos y botellas con papiros románticos. Que Sandra retomara las riendas de los entrañables Viento en Contra y le echara una mano a su retoño para volver a ser los Coldplay chapines… ¿Qué le parece? Medítelo, razónelo, bríndese esa oportunidad. A lo mejor vendría bien buscar partidos nuevos, cuadrillas de gente joven y preparada. ¡Un cambio! ¡Una metamorfosis! ¡Una mutatio mutanti! ¡Un milagro pentecostal! O, ya enojadito, también podría no hacer nada relevante más que  pasar días enteros perdiendo el tiempo en las redes sociales y soltando maldiciones contra todo y contra todos. ¡De usted depende! Mientras tanto, envíeme su sonrisa y yo le enviaré todas y cada una de mis más profundas y desinteresadas bendiciones. Recuerde, Rex es Hamor. Tatúeselo y haga feliz a los suyos.

 

(1)“Antes que seguir viéndote escribir Padresnuestros, Avemarías, direcciones de moteles y frases motivacionales en libretas y papeles sueltos, como si se estuviera yendo la baranda bastante intensamente, prefiero hacer un esfuerzo y cederte un espacio aquí”, fueron poco más o menos sus amables palabras.

Rex Mamey