QUÉ COOL ES SONREÍR MIENTRAS NOS REPRESENTAN LOS ESTÚPIDOS

"Es solo un hombre, con un disfraz" (o algo así era la frase original).

Hay una tendencia bastante despreciable, como tantísimas otras en nuestra mediocre y chirmolera sociedad guatemalteca, y es la del menosprecio. Un menosprecio que parece que nace de una pequeña poza que cada uno tiene en su casa (una pecera vieja, una cubeta para las goteras, un inodoro atascado, una llanta abandonada en el patio) en donde se fermentan ínfulas de superioridad, arrebatos cotidianos de indiferencia y un pijazal de larvitas de ignorancia. En pocas palabras: si no conocemos a X, si no sabemos lo que hace (porque quizás no sea popular o no le interese darlo a conocer), automáticamente nos pela la verga; o sea, no es nadie, no cuenta para ni mierda. Así somos y hemos sido muchos, así que no me salgan ahora con que nel porque no tengo cinco años y lo de comerme los mocos ya lo superé gracias a la férrea supervisión de mi señora madre, que me contó que cada vez que mi lengua y mis labios succionaban una candela de mocos, un duende con carita de Remi moría triturado por las fauces de un chupacabras. Sí, no exagero. El punto es que yo conozco a un vergo de pisados que sin tanto pedo han hecho y siguen haciendo muchísimo por ellos mismos, en distintos ámbitos, y por nuestra Guatermosa. Y ahí siguen, como digo, siempre a la sombra, calladita la boca, sin protagonismos de mierda (como yo, por ejemplo), sin alharaca ni mamoneos. Mara capaz, mara visionaria, mara preparada. Y están ahí, pues, pasando desapercibidos o simplemente siendo ignorados o hasta menospreciados. No creo que sea un mal nuestro, porque tampoco quiero ser culero. Sé, sin temor a cagarla, que la Humanidad es así: proclive a la hijueputez y a las canalladas. Supongo que ahorita se estarán preguntando que qué mosca le picó (¿las moscan pican?) al cerote del Rex y que a qué putas viene toda esta casaca con aire a correctivo. No sean desesperadotes, voy al meollo del asunto.

De sobra está decir y afirmar que nuestros niveles educativos están por lo suelos. Si pudiera ser más gráfico, les pediría que entraran a una cantina de mala muerte y se fijaran en el piso: todo lo que pueda haber ahí, incluso petrificado, machucado y pisoteado desde antes de la inauguración de esa fuente del compadrazgo y del genocidio de las penas y cuitas de nuestros semejantes agobiados y destrozados por la vida misma, eso, sí, todo eso, son nuestros niveles educativos. Que el panorama social, cultural, económico y político del país nos regale una mínima mejoría, depende muchísimo (y no lo digo yo, lo dicen los que sí saben) de la educación: necesidad vilipendiada, “menospreciada” y jamás atendida como debe ser por los gobiernos de turno. ¿Entonces qué putas pasa? Pasa que el panorama seguirá siendo el mismo. Sólo cambiaran dos o tres matices, pero el problemón, el clavo mastodóntico, ese clavo de pórtico de iglesia colonial, seguirá incrustado, perennemente, en el lomo del pueblo. ¿Y cómo amarramos esto con lo que les estaba contando al principio? Pues porque, por razones que mi cerebrito de zompopo de mayo no alcanza a entender, menospreciamos (a veces sin ser conscientes) no a quienes podrían salvarnos, porque eso es imposible, pero sí a quienes podrían abrirnos el camino (un camino más diáfano, más justo y más integral) y, en su lugar, preferimos y elegimos como figuras de poder, como figuras de impacto e incidencia, como modelos populares a seguir y pseudo-deidades en quien confiar, a una partida de MIERDAS. Sí, así como lee. ¡No sabemos elegir! ¡No sabemos diferenciar! ¡Se la chupamos a quien sea! Nos dejamos arrastrar por pajas, charlatanería, presunción y fruslerías. No sospechamos, ni por un maldito segundo, que detrás de todo lo bonito, de todo lo caquero, de todo lo mediocremente esperanzador y falsamente intelectual, hay un barranco sin fondo con dragones de Komodo en cuarentena abajo, salivando en una alfombra de piedras del tamaño del muñecote de Cayalá, pero en puntiagudo. 

Y permítanme robarles un poquito más de tiempo de su amable atención. Digo, por si quieren que amplíe la onda, si no, ahí nos vemos otro día. Estoy hablando de referentes (amados y vitoreados por muchos) como lo pudo ser Roxanna Baldetti, en su época esplendorosa, como lo sigue siendo Gloria Álvarez o Giovanni Fratti, y como lo es, desde ya, Jimmy “Estaráaaaaa” Morales. ¿Alguien tiene por ahí la lista (bien podría ser un Excel infinito) de todas las CHUFAS, CABALLADAS, DISPARATES, CACA SECA SIN MOSQUITOS, DESPROPÓSITOS, ESTUPIDECES, RIDICULECES, PAYASADAS y SUBNORMALIDADES que estos tres mamarrachos (por mencionar solo tres porque… ¡Madre de la Divina Providencia y de las Montañas Rusas que nos Conducen al Cielo!... podrían ser carretadas), han dicho PÚBLICAMENTE? Y digo mamarrachos no porque quiera insultarlos así de grolis, sino porque se lo merecen. Sí, cualquier “abusado/a” que quiera (o sienta que puede) representarnos ahí o allá y no lo haga de manera mínimamente aceptable y decente, se merece cualquier descalificación simple y sencillamente porque no se está representando a él, nos está representando “supuestamente” a nosotros/as, ¿me explico? Si quiere que lo dejemos en paz, que no nos metamos con él/ella (y no, por la gran puta, no es envidia), que no lo señalemos, pues entonces que siga con su vida, que haga sho o que se largue. ¿Qué mierdas esperan de los que, gracias a lo que sea (la carne de res, las drogas alteradas, el calentamiento global, los chistes de Condorito, el sexo cuántico, la cuenta de Tw de Méndez Ruiz, etc.) nos ponemos a pensar un poquito más allá de lo estándar y lo correctamente aceptable? ¿Que sonriamos como si atendiéramos un McDonalds y les tiremos besos como Candidatas a Señorita Guatestropajo 2015-2099? ¡Ja, putaaaa! ¡Primero dejo que me cercenen el chile! Bueno, no, tampoco, pero decirlo así de alarmista siempre ayuda.

Lo “más pior” es que muchos no lo notan, querido lector. No, los mueve su instinto. Dicen que cualquiera se equivoca cuando habla, que no hay que ser mala onda, que hay que darles una oportunidad, que pela la verga si alguien dice “Susana Sontak” cuando en realidad es “Susan Sontag”. ¡Pela el riel, papá! ¡Qué más da! ¡Si sirve para chiste, mejor! ¡Jajajaja! La claridad de la desgracia es absoluta: no queremos ver, no queremos entender, no sabemos cómo ni parece que nos interese saber cómo. Ni modo, ya lo dijo el próximo presidente electo: Dejémosle en las manos a Dios todo y Él sabrá lo que hace. Y así, desde tiempos inmemoriables. Lo que no sabe este muchachón es que Dios ya pasó por Guate hace no sé cuánto, dijo que qué bonita era y qué de ahuevo le había quedado, pero le robaron o quisieron extorsionarlo, no recuerdo bien cómo estuvo el agarrón, y entonces juró que no volvería a poner un pie aquí, ni una mano, pero ni modo, esperar es gratis y no le hace daño a nadie. ¡Salve, oh, cándidos de fe y de corazón!

Rex Mamey