EL ENEMIGO NÚMERO UNO SOS VOS Y LO SABÉS

Grupo de genocidas invitando a Rex Mamey a jugar una chamusca. (Foto archivo: El Espurio)

Me acuerdo que, siendo chavo (ahora no es que no lo sea pero es que ya me estoy añejando, como el vinito o el roncito, por si me están leyendo todas aquellas interesadas, no sean chiveadas e inbox, porfa), lo primero que leí sobre el conflicto armado interno fueron los libros de Ricardo Falla y puta madre, muchá, fue como si me hubieran metido la ñola en una cubeta con agua escarchada mientras alguien me varejoneaba las pantarrillas con un chicote hecho a base de vergas de toro. En Jocotesburgo, en los años ochenta, cuando yo era un ishtío, eran frecuentes los “agarrones”. Así le decía la gente a cuando por las noches el Ejército caía por sorpresa con un par de camiones a llevarse a la fuerza a los chavos que más o menos ya había desarrollado y se veían aptos para formar parte del ejército, especialmente aquellos que no se había presentado voluntariamente a las reservas militares. Pelaba la verga quién fuera y cuánta resistencia oponía: un par de talegazos y para arriba, pues pisado. Yo sabía que, por ser un remedo de palo de escoba, enclenque y cuasi-desnutrido, no me iban a tirar ni un pedo, pero sentía el miedo por mis primos mayores, por sus amigos y por los conocidos de la familia. Sí, era miedo. Y era real. De repente, el pueblo se quedaba vacío y todos corríamos a meternos a donde fuera. Al día siguiente, oíamos los comentarios: se llevaron a no sé quién, también al hijo de don no sé cuánto, y al cuñado de aquél… El sádico-cristiano de Ríos Montt o algún chafarote sarnoso e infecto de esos estaba en el poder y con su represión, simple y sencillamente no se jugaba. Cualquier mal paso, y “algo” te podía pasar. De eso también me acuerdo y sé que no soy el único.

Años después, como decía, me topé con los testimonios de Falla, me enteré de la desaparición de Luis de Lión (cercano a mi familia, especialmente a mi viejo), y supe de la desaparición de Iván, estudiante sancarlista y primo en segundo grado por parte de madre, y esa onda fue como un tatuaje en mi joven concepción de la sociedad en la que vivía. 45000 víctimas mortales y 200000 desaparecidos. Decenas de comunidades indígenas incendiadas y masacradas. ¿Cómo putas había sido posible toda esa barbarie? ¿Por qué tanta saña, tanta carnicería, tanta maldad contra la población civil, mayormente indígena y también mayormente compuesta por mujeres, niños y ancianos? Leyendo los testimonios (y luego releyéndolos con asco y un nudo en la garganta), me di cuenta del la vena satánica con la que actuó el ejército. Con lector ávido de perversidades que soy, lo que hicieron esos mierdas encabeza la lista de lo peorcito. Y no, no exagero. Que ellos no lo quieran aceptar, es parte precisamente de su enfermedad.

Porque no se trataba sólo de matar por defender un ideología, se trató (nótese el énfasis, ya que así lo demuestran además de los testimonios, los estudios forenses, científicos y antropológicos realizados hasta la fecha) de vejar, violar y exterminar con la fuerza devastadora —esa que sólo puede ser producto de un odio luciferino y enfermizo—, a miles de civiles inocentes, so pretexto de limpiar a un país, de salvarlo de la peste del comunismo, de liberarlo. ¡Ja! ¡Habráse visto! ¿Puede haber algo más estúpido y remotamente ridículo e insultante que esto? ¿Pero qué mierdas se creen los que dicen que no hubo genocidio, que no hubo masacres ni tierras arrasadas, los que defienden a su “glorioso” ejército tildando de “héroes” a sus primates seniles ahora retirados, esos que, vaya por Dios, ahora hacen pucheros, patalean y lagrimean ante la justicia; los que, pese a las evidencias, siguen inventándose cuentos de hadas, tirando balones fuera y dando patadas de ahogado con excusas, falacias, sofismas y una retahíla de inanidades propias de espíritus incultos a los que el fisting yankee les atrofió el ano, el alma y el cerebro. ¡Por favor! ¡Que no todos los guatemaltecos somos ignorantes ni zopencos, por la gran puta! ¡Se acabó la era cuaternaria de manipular, tergiversar y reprimir el pensamiento, hijos de la verga! Todo aquél que haya participado en el 93% de perversidades cometidas por el ejército durante el conflicto es un asesino. ¿Qué otra cosa puede ser? Para reestablecer la seguridad nacional, NO ERA NECESARIO NI VERGA DE LO QUE HICIERON. ¿Violar niñas uno tras u otro para luego destaparles el cráneo de un balazo? ¿Masacrar patojitos que ni siquiera caminar bien podían? ¡¿PERO SENTIRSE ORGULLOSOS DE ESTA MIERDA ES NORMAL?! ¡¿ESTO ES DEFENDER UN PAÍS?! ¿A esto responden esos vítores y esos “¡Ganamos! ¡Ganamos!” que se escucharon hace poco cuando los chafarotes y sus tentáculos idiotizados tomaron la Plaza? ¿GANAMOS? ¿Qué putas fue esa mierda: una chamusquita de fut? Si además de sus familiares siguen pululando por ahí alimañas retrógradas y anómalas que dicen que debemos estar agradecidos por la gesta militar, eso sólo confirma que la Creación es imperfecta. (Lo siento, Dios; sí, aquí Rex otra vez con la molestia). Mi consejo es: protesten, griten, insulten, agredan, repriman, amenacen, búrlense, intenten evadirse de la justicia… eso los hace ser cómplices (lo son, de hecho), eso los hace confirmar que cada vez que intentan defender lo indefendible, se contradicen y se ponen en evidencia, lo cual es peor, pero parece que hasta eso ignoran. Si haber matado de esa forma a gente inocente es motivo de orgullo y de apoyo, Belcebú sonríe con sus colmillos cariados desde su trono de escrotos disecados mientras de sus ojos, que son hermosos tumores cristalinos, brotan lagrimones de alegría. Y que quede claro: yo prefiero mil veces trincarme (con mucha lengua y saliva) a un cerdo desahuciado por la psoriaris y la sarna antes que agradecerle algo a un cuque. Así que me van haciendo el favorazo de ir cambiando ya la cantaleta de mierda esa.

Y para ir terminando, aclaro otra mierda que a muchos les escuece: sí, la guerrilla también contribuyó al horror, no soy ciego para no saberlo. Nadie está diciendo que no ni nadie está queriendo hacer ver que fueron “unos ángeles celestiales e inmaculados”. Me choca un poco que gente a la que tengo por “inteligente” ande soltando este tipo de despropósitos intelectuales acompañados de caritas amarillas cursiloides en las redes sociales. De hecho, el primer condenado por toda esta mierda ya está cumpliendo condena y fue un guerrillero culpable de la muerte de veintiún civiles. En el famoso bombazo al Palacio, murieron cinco o seis, si no estoy mal. Entonces yo digo, y sabiendo perfectamente que muertes son muertes, no crean que no lo sé, ¿dónde está el punto de comparación? ¿Lo hay? Si lo hay, mándenme un platillo volador para que me abduzca pero ya. Es como si en un partido de fútbol un equipo pijeara a otro 50 a 3 y la prensa deportiva titulara al día siguiente: ¡REÑIDO PARTIDAZO! ¡AMBAS ESCUADRAS SE DEJARON LA PIEL EN LA CANCHA! ¿Así es como quieren, mamilas chafalovers, que aceptemos lo que pasó? ¿Como un partido reñido en el que participaron dos y que por lo tanto el peso de la ley debe ser equitativo y proporcionado? ¡Claro que sí! ¡Orita mismo! Vamos a dejarnos ya de querer tapar el sol con el sol (manchado de sangre) y de lloriqueos berrinchudos, por favor. ¡Vivimos en Guate-Haití-llegando-a-Somalia, hijos de puta! (Con perdón de la isla hermana y del país africano).

Gracias a ustedes somos libres para poder ser asesinados por mareros y por el crimen organizado todos los malditos días de nuestra maldita existencia. Gracias a ustedes somos libres para poder ver a nuestros familiares morirse por falta de atención médica en los hospitales o por haber sido asaltados por un celular… ¡Un ce-lu-lar! El trasporte público es UNA MARAVILLA. Las carreteras, CELESTIALES. No hay niños muriéndose de hambre, no hay prostitución infantil, niños-sicarios ni pobreza extrema, no somos analfabetos, el narco no nos subyuga y tenemos la capacidad intelectual suficiente como para elegir responsablemente a las escorias que nos han gobernado. No hay burbujas elitistas de gente “bien” que vive dopada por la superficialidad de lo que a otros les falta. Gracias a ustedes vivimos en una sociedad justa y ecuánime en la que el racismo, el machismo y el misoginismo son leyendas extraídas de una versión apócrifa de La calle donde tú vives o de los cuentos que aparecían en los libros de Sementera. ¡Claro que sí! Y por eso, alcen la voz y confirmen, por sí mismos, esta versión deplorable y pútrida de nuestra historia. Denle. Nadie que se jacte de ser mínimamente pensante, sépanlo bien, nadie en su sano juicio y con dos dedos de frente, puede decir, en honor a la verdad, que “era algo que se debía hacer”, que “eran órdenes que se debían cumplir”, que “era lo que Dios quería para Guatemala”. Quien lo diga y lo repita, como se repite una tediosa letanía, sépalo bien, es y será, para mí, el enemigo más peligroso del país. El enemigo por excelencia. El gran enemigo. El carcoma. Que me cruja en el infierno si no lo es.

 

Rex Mamey